Carta de suicidio de Leelah Alcorn, chica trans de 17 años.

“Si estás leyendo esto significa que me he suicidado y evidentemente no he podido borrar este post de la cola.

Por favor, no estés triste; es por mi bien. La vida que habría vivido no merecía la pena ser vivida… porque soy transgénero. Podría explicar detalladamente por qué me siento así, pero esta nota probablemente vaya a ser lo suficientemente larga de por sí. En sencillas palabras: me siento una chica atrapada en el cuerpo de un chico, y me he sentido así desde que tenía cuatro años. Nunca supe que había una palabra para este sentimiento, ni que era posible que un chico se convirtiera en una chica, así que nunca se lo dije a nadie y simplemente continué haciendo las cosas típicas que hace un chico para intentar encajar.

Cuando tenía 14 años aprendí lo que significaba transgénero y lloré de felicidad. Después de diez años de confusión, por fin comprendí lo que yo era. Inmediatamente, se lo conté a mi madre, y reaccionó de forma profundamente negativa, diciéndome que era una fase, que yo no querría nunca verdaderamente convertirme en una chica, que Dios no comete errores y que yo estaba equivocada. Si estáis leyendo esto y sois padres, por favor, no le digáis eso a vuestros hijos. Incluso si sois cristianos o estáis en contra de la gente transgénero, jamás se lo digáis a nadie, y menos todavía a vuestros  hijos, porque no conseguiréis más que hacer que se odien a sí mismos. Eso es exactamente lo que me sucedió a mí.

Mi madre empezó a llevarme a un terapeuta, pero sólo me llevó a terapeutas cristianos (que son muy sesgados), así que en realidad nunca tuve acceso a la terapia que realmente necesitaba para superar mi depresión. Sólo conseguí más cristianos diciéndome que era una egoísta y estaba equivocada, y que tenía que acudir a Dios para conseguir ayuda.

Cuando tenía 16 años asumí que mis padres nunca me comprenderían, y que tenía que esperar como mínimo hasta los 18 para empezar cualquier tipo de tratamiento de transición de género, lo que me partió el alma por completo. Cuanto más esperas, más difícil es la transición. Me sentí desesperanzada, sentí que iba a seguir viéndome físicamente como un hombre disfrazado de mujer el resto de mi vida. En mi 16 cumpleaños, cuando no conseguí el consentimiento de mis padres para empezar la transición, lloré hasta quedarme dormida.

Desarrollé una  actitud del tipo “que se jodan” hacia mis padres y me declaré públicamente homosexual en el instituto, pensando  que tal vez de esta forma cuando saliese del armario como trans sería menos impactante. A pesar de que mis amigos reaccionaron positivamente, mis padres se enfadaron. Ellos pensaban que estaba atacando su imagen y que lo que quería era avergonzarlos. Querían que fuese el perfecto niño cristiano normal, y eso obviamente no era lo que yo quería.

Así que me sacaron del colegio público, se llevaron mi ordenador y mi teléfono y me prohibieron utilizar cualquier tipo de red social, aislándome completamente de mis amigos. Este fue probablemente el momento de mi vida en el que más deprimida estuve, y me extraña que no me suicidara. Estuve completamente sola durante cinco meses. Sin amigos, sin apoyo ni comprensión, sin amor. Sólo con la decepción de mis padres y la crueldad de la soledad.

Al final del curso escolar, mis padres finalmente me devolvieron mi teléfono y me permitieron volver a las redes sociales. Yo estaba emocionada, por fin tenía a mis amigos de vuelta. Ellos estaban sumamente emocionados de verme y hablar conmigo, pero sólo al principio. Con el tiempo me di cuenta de que no se preocupaban lo más mínimo por mí, y me sentí todavía más sola de lo que me había sentido en un principio. A los únicos amigos que pensé que tenía, sólo les gustaba cuando me veían cinco veces por semana.

Después de un verano prácticamente sin amigos, más el peso de tener que pensar en la universidad, ahorrar dinero para mudarme, mantener mis notas, ir a la iglesia cada semana y sentirme como una mierda porque todo el mundo allí estaba en contra de todo por lo que yo vivía, decidí que había tenido suficiente. Nunca voy a poder tener una transición existosa, ni siquiera cuando me mude. Nunca voy a ser feliz con mi aspecto o mi voz. Nunca voy a tener suficientes amigos. Nunca voy a tener suficiente amor. Nunca voy a encontrar a un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz. Viviré el resto de mi vida como un hombre solitario que desearía ser una mujer, o viviré el resto de mi vida como una mujer solitaria que se odia a sí misma. No hay forma de ganar. No hay salida. Ya estoy lo suficientemente deprimida, no necesito que mi vida se convierta en algo peor. La gente dice que mejorará, pero eso en mi caso no es verdad. Va a peor. Cada día estoy peor.

Éste es el quid, es por lo que siento ganas de suicidarme. Disculpa si no es una razón lo suficientemente buena para ti, pero para mí lo es. Respecto a mi voluntad, quiero que el 100% de todo lo que legalmente poseo sea vendido, y el dinero (junto con mi dinero en el banco) sea donado a movimientos por los derechos civiles de las personas trans y grupos de apoyo, no me importa a cuál. La única forma de que descanse en paz es que un día las personas trans no sean tratadas de la misma forma que me han tratado a mí, sino que sean tratadas como seres humanos, con sentimientos válidos, con derechos. Las cuestiones de género debe ser enseñadas en los colegios, cuanto más temprano mejor. Mi muerte debe significar algo. Mi muerte debe sumar en el número de gente transgénero que se ha suicidado este año. Quiero que alguien se moleste en mirar ese número y diga “esto está jodido” y lo arregle. Que arregle la sociedad. Por favor”.

Leelah Josh Alcorn.

Leelah Alcorn Acabas de leer la traducción de la carta que Leelah Alcorn, una chica trans de 17 años de Ohio, publicó en su cuenta de Tumblr el pasado 28 de diciembre de 2014, antes de suicidarse arrojándose contra un camión.

Tal como ella misma relata en su carta de suicidio, Leelah (inscrita como varón y denominada como Joshua al nacer), se sentía mujer desde los 4 años y vivía un auténtico calvario desde que se lo dijo a sus padres, con 14 años de edad. Sus padres, Carla y Doug Alcorn, un matrimonio extremadamente religioso e integrista, se negaron a aceptar su identidad de género y le impidieron someterse a un tratamiento de cambio de sexo (transición), en su lugar llevaron a su hija a una “terapia” cristiana de deshomosexualización, lo cual le causó cada vez más angustia y malestar consigo misma. En una nota subida a Reedit, dos meses antes de su suicidio, Leelah pidió ayuda sobre la transfobia que sufría por parte de su familia:

“Nunca me lastimaron físicamente, pero siempre me hablaban con un tono despectivo. Me decían cosas como “Tú nunca serás una verdadera chica” o “¿Qué vas hacer, tener sexo con chicos?” o “Dios te va a mandar directo al infierno”. Todo eso me hacía sentir horrible, yo era cristiana en ese momento y pensé que Dios me odiaba y que yo no merecía estar viva.

Me corté por lo menos una vez cada dos días, y estaba pensando constantemente en suicidarme. Yo quería ver a un terapeuta de género, pero no me dejaron. Ellos pensaban que corrompería mi mente. Solo me dejaban ver a terapistas cristianos sesgados, que en lugar de escuchar mis sentimientos, trataban de cambiarme para que fuera un hombre heterosexual que amara a Dios. Y yo lloraba después de cada sesión, porque me sentía como si no tuviera esperanza, que no había forma de que algún día fuera a ser una chica.

Eventualmente les mentía y les decía que era heterosexual y que era chico, entonces el discurso despectivo comenzó a desaparecer. Traté con mucha fuerza de seguir sus estándares de vida y ser un hombre heterosexual, pero finalmente me di cuenta que odiaba la religión de mis padres”.

Sin perspectivas de mejora leelah-alcorn-2-800en el futuro, totalmente sola y sintiéndose rechazada por sus padres, Leelah decidió suicidarse para poner fin a su sufrimiento. Se lanzó contra un camión en la carretera interestatal 71. Su familia afirmó en un vergonzoso post de Facebook que su “hijo Joshua” había sido atropellado mientras paseaba. Presentando su muerte como un accidente, negando su suicidio, refiriéndose a ella en masculino y con el nombre que sus padres le asignaron en lugar del que ella eligió. Su nombre “de chico”, Joshua Alcorn, consta también en su lápida, por ello se ha puesto en marcha una campaña de Change.org  en la que ya hemos firmado más de 96.000 personas para pedir que en su lápida aparezca su verdadero nombre, Leelah Alcorn.

Leelah expresó en su carta de suicidio su deseo de que su muerte “sirva para algo”, de que sirva para que la sociedad tome conciencia sobre la terrible discriminación legal, social y familiar que sufren muchas personas transgénero y transexuales, especialmente menores de edad en familias tránsfobas como la de Leelah, que tienen que ver cómo sus propias familias son quienes más daño les hacen. Leelah deseaba que todas sus cosas y su dinero fueran donados a grupos de apoyo o asociaciones en favor de las personas trans, quería contribuir al activismo trans y deseaba que se educara en las cuestiones de género desde el colegio, para que llegara el día en que ninguna persona trans sufriera lo que había sufrido ella.

leelah alcorn trans flag

Su caso, desgraciadamente, no es aislado. El riesgo de suicidio entre adolescentes trans se cuadruplica cuando no reciben apoyo de su familia. Según un informe del Williams Institute of Los Angeles, alrededor del 40% de las personas trans ha intentado suicidarse alguna vez a lo largo de su vida. Creo que no exagero cuando afirmo que todos los padres y madres de adolescentes LGTB+ que desprecian a sus hijas e hijos y les hacen sentir mal les están induciendo al suicidio. Los padres de Leelah Alcorn son unos asesinos, por inducirla al suicidio. Con su odio irracional y su transfobia despreciable hicieron que la vida de su hija fuera un infierno, le hicieron sentirse mal consigo misma y con su propio cuerpo, le negaron afecto cuando más lo necesitaba y la aislaron de sus amigos, haciendo que se sintiera sola y triste. Le quitaron cualquier perspectiva de mejora en el futuro, le quitaron las ganas de vivir. Probablemente ellos en su ignorancia y fanatismo religioso creyeran que estaban haciendo lo correcto, que era mejor que su “hijo” no se “rebelara contra Dios” (no lo sé porque soy incapaz de ponerme en la cabeza de semejantes seres), pero lo cierto es que ellos provocaron el suicidio de su hija, e insultan su memoria cada vez que se refieren a ella en masculino o le llaman Joshua. Son los asesinos de su hija, al igual que el resto de padres de chicas y chicos LGTB+ suicidados que, en lugar de proporcionarles apoyo y comprensión, decidieron rechazarles y hacerles sufrir.

LetUsBeFree

Si hay algo positivo en esta historia es que, tal como Leelah quería, su muerte no ha sido en vano. Los días posteriores las redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la noticia, numerosas personas y organizaciones activistas LGTB+ denunciaron una vez más la situación de las personas trans y se puso en marcha una campaña en Change.org para que se prohíban las “terapias” para “curar” el transgenerismo y la transexualidad, en la que ya hemos firmado más de 334.000 personas. Espero y deseo que la muerte de Leelah Alcorn sirva para que se actúe de una vez contra la discriminación hacia las personas trans, para que se erradique de la ley y de la sociedad mediante la educación en la tolerancia y el respeto hacia todas las personas, independientemente de su identidad de género. Que la gente empiece a entender la diferencia entre sexo (varón, hembra, intersexual) y género (hombre, mujer, transgénero, agénero, genderqueer…), dos cosas distintas, ya que mientras el sexo es algo anatómico, el género es una construcción social que está en la mente de cada persona. Quienes seguimos vivos debemos continuar luchando para que esto, como reclamaba Leelah, se enseñe en los colegios, y se eduque desde bien temprano en el respeto hacia todas las personas, sea cual sea su orientación sexual, su identidad de género, su forma de vestir, su color de piel, su religión, su lugar de nacimiento, etc. Es nuestro deber luchar para que acaben los suicidios y el sufrimiento innecesario.

Salir del armario, la necesidad de vivir sin ocultarse

El Día Internacional de la Salida del Armario es, sobre todo, un día de celebración. Hoy celebramos que somos visibles y libres, y que no tenemos miedo de ser como somos. También es un día para animar a todas las personas que aún no lo han hecho a que den el paso, apoyándolas, porque normalmente hay motivos comprensibles para no hacerlo, pero nuestra propia felicidad y libertad siempre deben estar por encima del miedo. Y aunque en muchos casos sea un proceso difícil, con ayuda de nuestrxs amigxs y demás personas que nos quieran tal y como somos siempre se hace más fácil. La recompensa es vivir tal y como somos, es ser libres, visibles y felices.   Salir del Armario 11O 4

Keep Calm I'm Pansexual

Por ello, yo hoy he querido aprovechar este día para anunciar en público que, tras meses de reflexión y formación al respecto, me he dado cuenta de que mi anterior consideración de que era bisexual es errónea, ya que en realidad soy pansexual. Es decir, puedo sentirme atraído por cualquier persona, independientemente de su sexo y/o género. Se trata de una orientación sexual que yo mismo ni siquiera conocía hace un año y que, gracias a algunas amigas de la Plataforma de Apoyo al Colectivo LGTB+ de Valladolid, empecé a conocer después de que creáramos la plataforma.

Desgraciadamente, el total desconocimiento que yo tenía sobre la pansexualidad no es algo excepcional. Hay orientaciones sexuales e identidades de género que sufren una invisibilidad muchísimo mayor que las identidades que, aunque fuera del sistema heterosexista-cisexista, ya son más conocidas (homosexualidad, bisexualidad y transexualidad), acentuándose así el rechazo hacia estas orientaciones e identidades, ya que lo que no se conoce, lo que parece más “raro”, sufre un mayor rechazo social y una mayor discriminación.

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Por eso es tan importante la visibilidad, porque así, al poner de manifiesto que en realidad somos muchxs más, que somos sus profesorxs, sus enfermerxs, sus panaderxs, sus médicxs, sus camarerxs, sus compañerxs de clase o del curro, sus vecinxs, sus hermanxs, sus hijxs… dejamos de ser seres extraños para todas esas personas que no comprenden otras orientaciones sexuales e identidades de género y que pueden llegar a discriminarnos. Visibilizando estamos rompiendo su falsa creencia de que somos un grupito muy minoritario de desviados que son la excepción a la norma, visibilizando les estamos reeducando.

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Así que por todo ello, por nosotrxs mismxs en primer lugar y por toda la sociedad en general, debemos “salir del armario”, debemos mostrar sin miedo nuestra orientación sexual e identidad de género, aunque al principio cueste, y con la compañía de las personas que nos quieren tal y como somos, porque las recompensas merecen la pena.

Álvaro saliendo del armario

Yo, saliendo de mi armarito. Imagen para la campaña #SinArmariosCyL.

Álvaro Escudero, chico cisexual y pansexual visible 😉