Carta de suicidio de Leelah Alcorn, chica trans de 17 años.

“Si estás leyendo esto significa que me he suicidado y evidentemente no he podido borrar este post de la cola.

Por favor, no estés triste; es por mi bien. La vida que habría vivido no merecía la pena ser vivida… porque soy transgénero. Podría explicar detalladamente por qué me siento así, pero esta nota probablemente vaya a ser lo suficientemente larga de por sí. En sencillas palabras: me siento una chica atrapada en el cuerpo de un chico, y me he sentido así desde que tenía cuatro años. Nunca supe que había una palabra para este sentimiento, ni que era posible que un chico se convirtiera en una chica, así que nunca se lo dije a nadie y simplemente continué haciendo las cosas típicas que hace un chico para intentar encajar.

Cuando tenía 14 años aprendí lo que significaba transgénero y lloré de felicidad. Después de diez años de confusión, por fin comprendí lo que yo era. Inmediatamente, se lo conté a mi madre, y reaccionó de forma profundamente negativa, diciéndome que era una fase, que yo no querría nunca verdaderamente convertirme en una chica, que Dios no comete errores y que yo estaba equivocada. Si estáis leyendo esto y sois padres, por favor, no le digáis eso a vuestros hijos. Incluso si sois cristianos o estáis en contra de la gente transgénero, jamás se lo digáis a nadie, y menos todavía a vuestros  hijos, porque no conseguiréis más que hacer que se odien a sí mismos. Eso es exactamente lo que me sucedió a mí.

Mi madre empezó a llevarme a un terapeuta, pero sólo me llevó a terapeutas cristianos (que son muy sesgados), así que en realidad nunca tuve acceso a la terapia que realmente necesitaba para superar mi depresión. Sólo conseguí más cristianos diciéndome que era una egoísta y estaba equivocada, y que tenía que acudir a Dios para conseguir ayuda.

Cuando tenía 16 años asumí que mis padres nunca me comprenderían, y que tenía que esperar como mínimo hasta los 18 para empezar cualquier tipo de tratamiento de transición de género, lo que me partió el alma por completo. Cuanto más esperas, más difícil es la transición. Me sentí desesperanzada, sentí que iba a seguir viéndome físicamente como un hombre disfrazado de mujer el resto de mi vida. En mi 16 cumpleaños, cuando no conseguí el consentimiento de mis padres para empezar la transición, lloré hasta quedarme dormida.

Desarrollé una  actitud del tipo “que se jodan” hacia mis padres y me declaré públicamente homosexual en el instituto, pensando  que tal vez de esta forma cuando saliese del armario como trans sería menos impactante. A pesar de que mis amigos reaccionaron positivamente, mis padres se enfadaron. Ellos pensaban que estaba atacando su imagen y que lo que quería era avergonzarlos. Querían que fuese el perfecto niño cristiano normal, y eso obviamente no era lo que yo quería.

Así que me sacaron del colegio público, se llevaron mi ordenador y mi teléfono y me prohibieron utilizar cualquier tipo de red social, aislándome completamente de mis amigos. Este fue probablemente el momento de mi vida en el que más deprimida estuve, y me extraña que no me suicidara. Estuve completamente sola durante cinco meses. Sin amigos, sin apoyo ni comprensión, sin amor. Sólo con la decepción de mis padres y la crueldad de la soledad.

Al final del curso escolar, mis padres finalmente me devolvieron mi teléfono y me permitieron volver a las redes sociales. Yo estaba emocionada, por fin tenía a mis amigos de vuelta. Ellos estaban sumamente emocionados de verme y hablar conmigo, pero sólo al principio. Con el tiempo me di cuenta de que no se preocupaban lo más mínimo por mí, y me sentí todavía más sola de lo que me había sentido en un principio. A los únicos amigos que pensé que tenía, sólo les gustaba cuando me veían cinco veces por semana.

Después de un verano prácticamente sin amigos, más el peso de tener que pensar en la universidad, ahorrar dinero para mudarme, mantener mis notas, ir a la iglesia cada semana y sentirme como una mierda porque todo el mundo allí estaba en contra de todo por lo que yo vivía, decidí que había tenido suficiente. Nunca voy a poder tener una transición existosa, ni siquiera cuando me mude. Nunca voy a ser feliz con mi aspecto o mi voz. Nunca voy a tener suficientes amigos. Nunca voy a tener suficiente amor. Nunca voy a encontrar a un hombre que me ame. Nunca voy a ser feliz. Viviré el resto de mi vida como un hombre solitario que desearía ser una mujer, o viviré el resto de mi vida como una mujer solitaria que se odia a sí misma. No hay forma de ganar. No hay salida. Ya estoy lo suficientemente deprimida, no necesito que mi vida se convierta en algo peor. La gente dice que mejorará, pero eso en mi caso no es verdad. Va a peor. Cada día estoy peor.

Éste es el quid, es por lo que siento ganas de suicidarme. Disculpa si no es una razón lo suficientemente buena para ti, pero para mí lo es. Respecto a mi voluntad, quiero que el 100% de todo lo que legalmente poseo sea vendido, y el dinero (junto con mi dinero en el banco) sea donado a movimientos por los derechos civiles de las personas trans y grupos de apoyo, no me importa a cuál. La única forma de que descanse en paz es que un día las personas trans no sean tratadas de la misma forma que me han tratado a mí, sino que sean tratadas como seres humanos, con sentimientos válidos, con derechos. Las cuestiones de género debe ser enseñadas en los colegios, cuanto más temprano mejor. Mi muerte debe significar algo. Mi muerte debe sumar en el número de gente transgénero que se ha suicidado este año. Quiero que alguien se moleste en mirar ese número y diga “esto está jodido” y lo arregle. Que arregle la sociedad. Por favor”.

Leelah Josh Alcorn.

Leelah Alcorn Acabas de leer la traducción de la carta que Leelah Alcorn, una chica trans de 17 años de Ohio, publicó en su cuenta de Tumblr el pasado 28 de diciembre de 2014, antes de suicidarse arrojándose contra un camión.

Tal como ella misma relata en su carta de suicidio, Leelah (inscrita como varón y denominada como Joshua al nacer), se sentía mujer desde los 4 años y vivía un auténtico calvario desde que se lo dijo a sus padres, con 14 años de edad. Sus padres, Carla y Doug Alcorn, un matrimonio extremadamente religioso e integrista, se negaron a aceptar su identidad de género y le impidieron someterse a un tratamiento de cambio de sexo (transición), en su lugar llevaron a su hija a una “terapia” cristiana de deshomosexualización, lo cual le causó cada vez más angustia y malestar consigo misma. En una nota subida a Reedit, dos meses antes de su suicidio, Leelah pidió ayuda sobre la transfobia que sufría por parte de su familia:

“Nunca me lastimaron físicamente, pero siempre me hablaban con un tono despectivo. Me decían cosas como “Tú nunca serás una verdadera chica” o “¿Qué vas hacer, tener sexo con chicos?” o “Dios te va a mandar directo al infierno”. Todo eso me hacía sentir horrible, yo era cristiana en ese momento y pensé que Dios me odiaba y que yo no merecía estar viva.

Me corté por lo menos una vez cada dos días, y estaba pensando constantemente en suicidarme. Yo quería ver a un terapeuta de género, pero no me dejaron. Ellos pensaban que corrompería mi mente. Solo me dejaban ver a terapistas cristianos sesgados, que en lugar de escuchar mis sentimientos, trataban de cambiarme para que fuera un hombre heterosexual que amara a Dios. Y yo lloraba después de cada sesión, porque me sentía como si no tuviera esperanza, que no había forma de que algún día fuera a ser una chica.

Eventualmente les mentía y les decía que era heterosexual y que era chico, entonces el discurso despectivo comenzó a desaparecer. Traté con mucha fuerza de seguir sus estándares de vida y ser un hombre heterosexual, pero finalmente me di cuenta que odiaba la religión de mis padres”.

Sin perspectivas de mejora leelah-alcorn-2-800en el futuro, totalmente sola y sintiéndose rechazada por sus padres, Leelah decidió suicidarse para poner fin a su sufrimiento. Se lanzó contra un camión en la carretera interestatal 71. Su familia afirmó en un vergonzoso post de Facebook que su “hijo Joshua” había sido atropellado mientras paseaba. Presentando su muerte como un accidente, negando su suicidio, refiriéndose a ella en masculino y con el nombre que sus padres le asignaron en lugar del que ella eligió. Su nombre “de chico”, Joshua Alcorn, consta también en su lápida, por ello se ha puesto en marcha una campaña de Change.org  en la que ya hemos firmado más de 96.000 personas para pedir que en su lápida aparezca su verdadero nombre, Leelah Alcorn.

Leelah expresó en su carta de suicidio su deseo de que su muerte “sirva para algo”, de que sirva para que la sociedad tome conciencia sobre la terrible discriminación legal, social y familiar que sufren muchas personas transgénero y transexuales, especialmente menores de edad en familias tránsfobas como la de Leelah, que tienen que ver cómo sus propias familias son quienes más daño les hacen. Leelah deseaba que todas sus cosas y su dinero fueran donados a grupos de apoyo o asociaciones en favor de las personas trans, quería contribuir al activismo trans y deseaba que se educara en las cuestiones de género desde el colegio, para que llegara el día en que ninguna persona trans sufriera lo que había sufrido ella.

leelah alcorn trans flag

Su caso, desgraciadamente, no es aislado. El riesgo de suicidio entre adolescentes trans se cuadruplica cuando no reciben apoyo de su familia. Según un informe del Williams Institute of Los Angeles, alrededor del 40% de las personas trans ha intentado suicidarse alguna vez a lo largo de su vida. Creo que no exagero cuando afirmo que todos los padres y madres de adolescentes LGTB+ que desprecian a sus hijas e hijos y les hacen sentir mal les están induciendo al suicidio. Los padres de Leelah Alcorn son unos asesinos, por inducirla al suicidio. Con su odio irracional y su transfobia despreciable hicieron que la vida de su hija fuera un infierno, le hicieron sentirse mal consigo misma y con su propio cuerpo, le negaron afecto cuando más lo necesitaba y la aislaron de sus amigos, haciendo que se sintiera sola y triste. Le quitaron cualquier perspectiva de mejora en el futuro, le quitaron las ganas de vivir. Probablemente ellos en su ignorancia y fanatismo religioso creyeran que estaban haciendo lo correcto, que era mejor que su “hijo” no se “rebelara contra Dios” (no lo sé porque soy incapaz de ponerme en la cabeza de semejantes seres), pero lo cierto es que ellos provocaron el suicidio de su hija, e insultan su memoria cada vez que se refieren a ella en masculino o le llaman Joshua. Son los asesinos de su hija, al igual que el resto de padres de chicas y chicos LGTB+ suicidados que, en lugar de proporcionarles apoyo y comprensión, decidieron rechazarles y hacerles sufrir.

LetUsBeFree

Si hay algo positivo en esta historia es que, tal como Leelah quería, su muerte no ha sido en vano. Los días posteriores las redes sociales y medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la noticia, numerosas personas y organizaciones activistas LGTB+ denunciaron una vez más la situación de las personas trans y se puso en marcha una campaña en Change.org para que se prohíban las “terapias” para “curar” el transgenerismo y la transexualidad, en la que ya hemos firmado más de 334.000 personas. Espero y deseo que la muerte de Leelah Alcorn sirva para que se actúe de una vez contra la discriminación hacia las personas trans, para que se erradique de la ley y de la sociedad mediante la educación en la tolerancia y el respeto hacia todas las personas, independientemente de su identidad de género. Que la gente empiece a entender la diferencia entre sexo (varón, hembra, intersexual) y género (hombre, mujer, transgénero, agénero, genderqueer…), dos cosas distintas, ya que mientras el sexo es algo anatómico, el género es una construcción social que está en la mente de cada persona. Quienes seguimos vivos debemos continuar luchando para que esto, como reclamaba Leelah, se enseñe en los colegios, y se eduque desde bien temprano en el respeto hacia todas las personas, sea cual sea su orientación sexual, su identidad de género, su forma de vestir, su color de piel, su religión, su lugar de nacimiento, etc. Es nuestro deber luchar para que acaben los suicidios y el sufrimiento innecesario.

Calendario LGTB+ 2015

Aquí va mi propuesta de calendario LGTB+ para el 2015, creado con la página http://picallycalendar.com/. Debajo de cada imagen está el link a la correspondiente página del calendario en PDF, donde os lo podéis descargar y utilizarlo como queráis. Espero que os guste:

Enero 2015ENERO CALENDARIO LGTB+ 2015

Febrero 2015

FEBRERO CALENDARIO LGTB+ 2015

Marzo 2015

MARZO CALENDARIO LGTB+ 2015

Abril 2015

ABRIL CALENDARIO LGTB+ 2015

Mayo 2015

MAYO CALENDARIO LGTB+ 2015

Junio 2015

JUNIO CALENDARIO LGTB+ 2015

Julio 2015

JULIO CALENDARIO LGTB+ 2015

Agosto 2015

AGOSTO CALENDARIO LGTB+ 2015

Septiembre 2015

SEPTIEMBRE CALENDARIO LGTB+ 2015

Octubre 2015

OCTUBRE CALENDARIO LGTB+2015

Noviembre 2015

NOVIEMBRE CALENDARIO LGTB+ 2015

Diciembre 2015

DICIEMBRE CALENDARIO LGTB+ 2015

Las orientaciones no monosexuales: encuesta

Las orientaciones sexuales se pueden dividir en dos grandes grupos: orientaciones monosexuales y orientaciones no monosexuales:

  • Las orientaciones monosexuales son aquellas en las que se siente atracción sexual y/o emocional hacia personas de un sólo sexo y género. Son la homosexualidad y la heterosexualidad.
  • Las orientaciones no monosexuales son aquellas en las que se siente atracción sexual y/o emocional hacia personas de más de un género y/o sexo. Esto supone un abanico muy amplio de orientaciones sexuales. Algunas de las que yo conozco son la pansexualidad, polisexualidad, bisexualidad
Tipos de sexualidad

(Aclaración: la transexualidad es una identidad de género, no una orientación sexual. Este cuadro no es exclusivo de orientaciones.)

Muchas veces existe una gran confusión e incluso debates respecto a cuáles son las diferencias entre las distintas orientaciones no monosexuales y, además, cada vez van apareciendo nuevos términos para nombrar orientaciones hasta el momento desconocidas para la gran mayoría de la gente.

Por ello, y porque me interesa saber más sobre las orientaciones no monosexuales y compartir ese conocimiento con todo el mundo, he decidido hacer un estudio sobre las orientaciones no monosexuales, con el que pretendo aportar más información a la sociedad sobre este ámbito con el objetivo de canalizar mejor la lucha por la visibilidad y aceptación de estas orientaciones.

El objeto de esta investigación no es, por tanto, debatir sobre asuntos meramente teóricos de la sexualidad ni conocer cosas por el mero hecho de conocerlas, sino poder usar dicha información en beneficio de las personas con orientaciones no monosexuales, para poder acabar mejor con la invisibilidad y discriminación que sufrimos.

BanderasYo estoy convencido de que quien mejor puede definir y explicar la sexualidad de alguien es esa propia persona. Por este motivo, la fuente principal de mi estudio será una encuesta personal y anónima dirigida a todas las personas que tengan orientaciones no monosexuales con el objetivo de conocer mejor su sexualidad, su forma de ver la misma y los posibles problemas de rechazo social que hayan podido sufrir a raíz de la misma. Pido la colaboración de cualquier persona no monosexual para que responda a las preguntas de la encuesta, que ya está colgada en Google: https://docs.google.com/forms/d/1jnJ33DbBiXGuJPmoCY0uhdh7PACrtRh91bwsGIKRYKk/viewform?c=0&w=1, que es la forma más cómoda de responder y la que os recomiendo.

En caso de no tener una cuenta de Gmail, podéis enviarme a alvarohp21@gmail.com las respuestas a las preguntas que podéis ver en el documento de One Drive: https://onedrive.live.com/view.aspx?resid=57610CA980BC14AE!600&ithint=file%2cdocx&app=Word&authkey=!AD06-nh7TR-MIOI

Aprendamos sobre sexualidad.

Vuestra participación en la encuesta es muy importante para el estudio, ya que cuantas más personas participen, más fiables serán los resultados obtenidos de la encuesta. Muchas gracias de antemano por vuestra colaboración, ya sea respondiendo directamente a las preguntas o pasándosela a las personas que conozcáis que tengan orientaciones no monosexuales. Los resultados de la encuesta, así como el estudio completo una vez lo haya terminado, los podréis ver en este blog.

Salir del armario, la necesidad de vivir sin ocultarse

El Día Internacional de la Salida del Armario es, sobre todo, un día de celebración. Hoy celebramos que somos visibles y libres, y que no tenemos miedo de ser como somos. También es un día para animar a todas las personas que aún no lo han hecho a que den el paso, apoyándolas, porque normalmente hay motivos comprensibles para no hacerlo, pero nuestra propia felicidad y libertad siempre deben estar por encima del miedo. Y aunque en muchos casos sea un proceso difícil, con ayuda de nuestrxs amigxs y demás personas que nos quieran tal y como somos siempre se hace más fácil. La recompensa es vivir tal y como somos, es ser libres, visibles y felices.   Salir del Armario 11O 4

Keep Calm I'm Pansexual

Por ello, yo hoy he querido aprovechar este día para anunciar en público que, tras meses de reflexión y formación al respecto, me he dado cuenta de que mi anterior consideración de que era bisexual es errónea, ya que en realidad soy pansexual. Es decir, puedo sentirme atraído por cualquier persona, independientemente de su sexo y/o género. Se trata de una orientación sexual que yo mismo ni siquiera conocía hace un año y que, gracias a algunas amigas de la Plataforma de Apoyo al Colectivo LGTB+ de Valladolid, empecé a conocer después de que creáramos la plataforma.

Desgraciadamente, el total desconocimiento que yo tenía sobre la pansexualidad no es algo excepcional. Hay orientaciones sexuales e identidades de género que sufren una invisibilidad muchísimo mayor que las identidades que, aunque fuera del sistema heterosexista-cisexista, ya son más conocidas (homosexualidad, bisexualidad y transexualidad), acentuándose así el rechazo hacia estas orientaciones e identidades, ya que lo que no se conoce, lo que parece más “raro”, sufre un mayor rechazo social y una mayor discriminación.

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Por eso es tan importante la visibilidad, porque así, al poner de manifiesto que en realidad somos muchxs más, que somos sus profesorxs, sus enfermerxs, sus panaderxs, sus médicxs, sus camarerxs, sus compañerxs de clase o del curro, sus vecinxs, sus hermanxs, sus hijxs… dejamos de ser seres extraños para todas esas personas que no comprenden otras orientaciones sexuales e identidades de género y que pueden llegar a discriminarnos. Visibilizando estamos rompiendo su falsa creencia de que somos un grupito muy minoritario de desviados que son la excepción a la norma, visibilizando les estamos reeducando.

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Así que por todo ello, por nosotrxs mismxs en primer lugar y por toda la sociedad en general, debemos “salir del armario”, debemos mostrar sin miedo nuestra orientación sexual e identidad de género, aunque al principio cueste, y con la compañía de las personas que nos quieren tal y como somos, porque las recompensas merecen la pena.

Álvaro saliendo del armario

Yo, saliendo de mi armarito. Imagen para la campaña #SinArmariosCyL.

Álvaro Escudero, chico cisexual y pansexual visible 😉

El activismo LGTB+ y el feminismo: dos luchas hermanas

Hace unos días me preguntaron si pensaba que todos los gays –entendiendo “gay” como cualquier hombre no heterosexual, supongo– deberían ser feministas. La pregunta me hizo recordar comentarios y actitudes machistas que había visto en las redes sociales a personas que estaban dentro del activismo LGTB+ (lésbico, gay, transexual, transgénero, bisexual, pansexual, intersexual, queer, etc) , o incluso a un miembro de una asociación LGTB+ que me había comentado que a él todo lo que tuviera que ver con “bolleras” le daba igual, que en su asociación se abstenía en las votaciones cada vez que se trataba un tema de empoderamiento lésbico. Lo cierto es que me sorprendió bastante, porque este chico sí que está concienciado con la lucha contra la homofobia y con el activismo gay, pero al parecer se queda en eso, le faltan el resto de las letras y le falta comprender que su lucha es la misma que la de las “bolleras”. Espero que algún día lo consiga.

Bandera LGTB+ igualdadVolviendo a la pregunta inicial, sobre si todos los gays deberían ser feministas, es fácil de responder: todas las personas, ya sean hombres, mujeres o personas de otros sexos no binarios –que existen, por invisibilizados que estén– deben ser feministas, porque entiendo que todo el mundo debería defender la justicia y la igualdad, incluso aunque eso acabara con sus privilegios de género. Pero creo que la pregunta iba dirigida a si yo creía que el feminismo beneficia a los hombres no heterosexuales, más allá de un apoyo desinteresado a las mujeres en pro de la igualdad. Por supuesto que es así, todas las personas LGTB+ deberían ser en mayor o menor medida activistas LGTB+, y eso implica ser también feministas, ya que el feminismo y el activismo LGTB+ son dos luchas hermanas, que luchan contra lo mismo y usan las mismas armas. Para entender esto tenemos que profundizar en cómo se nos educa, no sólo en las aulas, sino en los medios de comunicación, en la publicidad, en nuestro círculo de amigos y amigas, en nuestra familia, etc.

Si nos paramos a pensarlo, es sorprendente lo inmensamente arraigadas que están la heteronormatividad, la cisnormatividad y el patriarcado en nuestra sociedad, incluso muchas personas que no son para nada machistas, homófobas ni tránsfobas, casi sin darse cuenta asumen esos valores y esa cultura patriarcal (que representa al hombre como superior a la mujer), heteronormativa (que muestra la heterosexualidad como norma y orientación sexual única) y cisnormativa (que muestra la cisexualidad, es decir, la no transexualidad, como norma e identidad de género única).

Machirulo apestas desde lejosDesde el momento en que nacemos se nos asigna un sexo en función de nuestros genitales (discriminación por identidad de género), un sexo que sólo puede ser binario: o bien masculino o bien femenino, y que lleva consigo todo un lote de roles de masculinidad o de feminidad en cada caso, unos roles que tenemos que cumplir, para ser “hombres masculinos” y “mujeres femeninas” (discriminación por expresión de género), y que hacen que estos dos géneros sean opuestos, como la noche y el día. Y claro, el hombre siempre es superior a la mujer y está por encima de ella, la domina (machismo). Pero la cosa no se queda ahí. Al heteropatriarcado y a la cultura heteronormativa y cisnormativa no les basta con imponerte un género y una forma de ser y de actuar que tienes que seguir a menos que quieras quedarte fuera y ser discriminado/a. También te dicen cómo tienes que amar, ya que la única relación posible entre dos personas es la heterosexual (discriminación por orientación sexual) y la única familia posible, válida y verdadera es la familia heteroparental, esa que llaman “familia tradicional” y que muy tradicional no debe ser cuando ese modelo de núcleo familiar basado en padre, madre e hijos/as sólo existe desde el siglo XIX –en Roma se consideraban miembros de la familia incluso a los esclavos–. Todo lo que se salga de esta concepción tan cerrada del género, de la sexualidad y de las relaciones afectivas es marginado, invisibilizado y discriminado.

Mucha gente puede pensar : “Yo estoy en contra de todas esas discriminaciones. Eso es cosa sólo de unos pocos rancios”. Ojalá fuera así, pero esto es una construcción cultural, y está muy arraigada incluso en personas que no son nada machistas, homófobas ni tránsfobas, pero que tienen muy asimilada esa concepción de la sexualidad y las relaciones afectivas, porque es lo que nos enseñan a todas y todos desde que nacemos. Para la “niña” –o al menos la persona en cuya partida de nacimiento pone que es una niña porque tiene vagina– recién nacida, ropita rosa. Para el niño, ropita azul. La publicidad, especialmente la de los juguetes sexistas, enseñará a las niñas ya más crecidas a orientar su vida hacia las tareas domésticas y criar bebés –una niña de cinco años jugando a ser madre con un muñeco de un bebé que mide la mitad que ella me parece una visión surrealista y de muy mal gusto–. Los juguetes de los niños se centran en la competición, el deporte, el motor, etc. Es decir, en demostrar su virilidad frente a otros varones. Yo a veces viendo anuncios de juguetes me pregunto si realmente hemos evolucionado respecto a cuando vivíamos en cuevas y nos vestíamos con pieles de mamut o en realidad somos exactamente iguales sólo que con una tecnología más avanzada.

Símbolo transfeminista

Símbolo transfeminista

Conforme ese niño y esa niña vayan creciendo y acercándose a la adolescencia, las películas, series, libros de amoríos para adolescentes… cuando no sus propios amigos y familiares, les enseñarán a ambos que sólo existe el amor heterosexual y la familia heteroparental. Es la única que verán, gracias a la heteronormatividad imperante. Como mucho, si su familia les inculca unos valores de tolerancia y respeto, aprenderán que el resto de orientaciones sexuales e identidades de género son excepciones a la norma, gente “distinta” a la que hay que respetar. El mero hecho de que aprendieran a respetar a quien no encaje con la norma social imperante ya sería un logro, aunque eso no quita que, sin necesidad de ser homófobos ni tránsfobos, simplemente por esa cultura que impregna nuestras vidas, se planteen preguntas como quién hace de “hombre” en una relación lésbica o si realmente esa persona transexual es una mujer o un hombre que “quiere ser” una mujer. Y así continuamos toda nuestra vida, sumergidxs en una cultura heteronormativa (homófoba), cisnormativa (tránsfoba) y patriarcal (machista).

Maaachete Al MachoteHabrá personas que se rebelen contra esta forma de ver la vida, la sexualidad y las relaciones humanas, un paso que tienen que dar todas las personas LGTB+ que no se autorreprimen y en general todas las mujeres que toman conciencia de que no son inferiores a los hombres, incluso habrá personas que quieran luchar contra estas discriminaciones. Para ello todas esas personas utilizarán como armas fundamentales la visibilización de su realidad, así como la educación y concienciación para que la sociedad desaprenda esa visión heteropatriarcal, heteronormativa y cisnormativa de la vida.

El activismo LGTB+ y el feminismo son, por tanto, dos luchas hermanas, que luchan contra el mismo problema de base, aunque especializándose en discriminaciones distintas, y que utilizan las mismas herramientas para luchar contra ese problema común. Son dos luchas que necesariamente deben ir unidas, y quien sólo se dedique a una de ellas y rechace la otra es porque no ha entendido contra qué está luchando.

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Traducción al inglés en “LGTB+ activism and feminism: two fights that go hand in hand“.